¿Os habéis preguntado alguna vez cómo sería vuestra vida si no lo hubierais dejado con aquella chica?
No sé por qué, llevo un par de días planteándome esta cuestión, “¿qué hubiera sido de mí si…?” Es algo complicado trasladarse a un universo paralelo, en el que aquella relación no hubiera llegado a su fin, pero para eso estamos, para “novelar”.
He decidido alterar los nombres de las implicadas, y así ahorrarme alguna incómoda llamada.
CASO 1. RIGOBERTA
Quizá ahora viviera en un pueblo de Barcelona, de cuyo nombre no quiero acordarme… Tendría un monótono trabajo de oficina, con sus rígidos horarios y sus largos fines de semana (¡mierda!), los cuales invertiría en echar de menos a mi familia y amigos, en sentirme sola e incomprendida, en no cruzar casi palabra con esa incansable lectora de Jane Austen. Rigoberta seguiría sin entender mis bromas, aunque un pollo vestido de astronauta le hiciera reír a carcajadas. Sería su compañera de piso a los ojos del mundo, prisionera en un armario que ella me impondría.
Me entra un agobio de pensarlo…
CASO 2. MANUELA
Manuela era una mezcla, algo desequilibrada, de pasión y ternura. Hubiera habido sexo, mucho sexo. Viviríamos en un pueblo de la periferia de Madrid. Quizá trabajara en alguna fábrica, un curro monótono e insufrible, pero que nos ayudaría hasta que ella consiguiera reparar más de un ordenador al mes. Vacaciones en su pueblo. Manuela sin dejar de sonreír y, con esos ojos tan vivos, le diría a cualquiera, que estábamos juntas.
Todo puede parecer idílico, y quizá lo hubiera sido si ella no viera el mundo en binario y yo en una escala de grises.
CASO 3. MAGDALENA
No he conocido a nadie con una sonrisa tan bonita, y tan duradera… Magdalena era amor en su esencia más pura. Me hubiera sacado una plaza de administrativa en el Estado, hubiéramos emigrado de Madrid, quizá a Jaén, a recoger aceitunas. Ella se hubiera desesperado por no encontrar un puesto de trabajo que tuviera relación con su carrera, y hubiera terminado cuidando a los hijos de sus amigas. Pero me seguiría sonriendo, quizá en secreto, para que las luciérnagas no fueran conscientes de aquel amor que surgió en una discoteca, y se consolidó en el metro.
Sonrío al recordarla, pero no al pensar las discusiones que tendríamos a cuenta de ser madres… ¡Qué horror!
CASO 4. PETRA
Con ella todo eran altibajos: su estado anímico, el mío, nuestra relación, la vida en general… En un piso compartido con dos salvajes, viviríamos nuestro amor-odio. Petra seguiría de camarera, con horarios insufribles, mientras me reprochaba que yo no quisiera ejercer la profesión para la que me había preparado. Bueno, en realidad me lo reprocharía todo, hasta que hiciera sol o lloviera. Quizá, y no tan quizá, se le hubiera ido la mano conmigo en más de una ocasión. Yo seguiría aguantando sus broncas, su genio, sus ataques, sus celos, su ira.
Creo que es mejor que la imaginación no siga remontándose en este caso.
CASO 5. CLEMENTINA
Tras terminar su doctorado, y ver que el mercado laboral no es muy propicio para seguir con su laboratorio, Clementina se hubiera dedicado a la docencia en Salamanca, mientras yo me limitaba a ordenar los pocos trastos que tuviéramos, y a esperarla durante horas, porque su trabajo siempre fue primero. Aunque, al llegar a casa, sus largos brazos me hubieran hecho olvidar las horas en las que no la tuve a mi lado. Tan distante y tan cálida al mismo tiempo… Nuestras conversaciones podrían durar días, pues nunca me cansaría de escuchar su voz, o esa risita nerviosa cuando le dijera algo que le hiciera salir de su zona de confort.
Aisss, Clementina, ¡cuán grande hubiera sido nuestro amor!
¿Y la tuya cómo hubiera sido de seguir con tu ex?

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Mi vida con mi ex
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